
¿No que Morena estaba en contra del fracking?
Durante años nos vendieron ese discurso. Andrés Manuel López Obrador dijo una y otra vez que en México no se iba a permitir, que era una técnica dañina y contraria al interés del país.
Hoy, ese “no” ya no existe. Hoy Claudia Sheinbaum nos dice que sí… pero “sustentable”.
Y eso es una simulación.
Porque el fracking sustentable no existe. Lo han dicho expertos, lo han advertido organizaciones ambientales, y aún así, el gobierno insiste en disfrazar la realidad con otro nombre.
El fracking consume millones de litros de agua, contamina acuíferos de forma irreversible, libera gases altamente contaminantes como el metano y pone en riesgo la salud de miles de familias.
Y mientras tanto, Morena hace lo de siempre: simular.
Simular que protege el medio ambiente.
Simular que toma decisiones responsables.
Simular que le importa la gente.
Pero las consecuencias son reales.
Las paga la gente.
Las paga el campo.
Las paga la economía de miles de familias y también de empresas que terminan absorbiendo costos millonarios que al final recaen en todos los mexicanos.
En lugares como Veracruz ya hay advertencias claras por sus impactos. Y aun así, quieren llevar esto a todo el país.
Primero dijeron que no. Hoy dicen que sí… pero con otro discurso.
Eso no es gobernar con responsabilidad. Eso es engañar.
México no necesita simulaciones. Necesita decisiones claras, honestas y que realmente cuiden a su gente.
Y este, definitivamente, no es el camino.
Lo más preocupante es que este no es un caso aislado. Es parte de un patrón que ya conocemos: promesas que se hacen para ganar confianza y decisiones que se toman después sin asumir el costo político. Hoy es el fracking, mañana será otro tema, pero la lógica es la misma.
Porque cuando un gobierno se contradice de esta manera, lo que se rompe no es solo una promesa, es la credibilidad. Y cuando se pierde la confianza, se debilita todo: las instituciones, la toma de decisiones y la relación con la ciudadanía.
México merece más que discursos reciclados y soluciones disfrazadas. Merece un gobierno que diga la verdad, que escuche a la gente y que entienda que cuidar el medio ambiente no es un eslogan, es una responsabilidad.
Y si hoy son capaces de cambiar un “no” por un “sí” sin explicaciones, sin asumirlo y sin consecuencias, entonces el problema ya no es el fracking, el problema es el gobierno: un gobierno que dice una cosa y hace otra, que simula mientras el país paga el costo y que, en nombre del poder, está dispuesto a poner en riesgo el agua, la salud y el futuro de México. Y eso, simplemente, no se puede normalizar.
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¿No que Morena estaba en contra del fracking?
Durante años nos vendieron ese discurso. Andrés Manuel López Obrador dijo una y otra vez que en México no se iba a permitir, que era una técnica dañina y contraria al interés del país.
Hoy, ese “no” ya no existe. Hoy Claudia Sheinbaum nos dice que sí… pero “sustentable”.
Y eso es una simulación.
Porque el fracking sustentable no existe. Lo han dicho expertos, lo han advertido organizaciones ambientales, y aún así, el gobierno insiste en disfrazar la realidad con otro nombre.
El fracking consume millones de litros de agua, contamina acuíferos de forma irreversible, libera gases altamente contaminantes como el metano y pone en riesgo la salud de miles de familias.
Y mientras tanto, Morena hace lo de siempre: simular.
Simular que protege el medio ambiente.
Simular que toma decisiones responsables.
Simular que le importa la gente.
Pero las consecuencias son reales.
Las paga la gente.
Las paga el campo.
Las paga la economía de miles de familias y también de empresas que terminan absorbiendo costos millonarios que al final recaen en todos los mexicanos.
En lugares como Veracruz ya hay advertencias claras por sus impactos. Y aun así, quieren llevar esto a todo el país.
Primero dijeron que no. Hoy dicen que sí… pero con otro discurso.
Eso no es gobernar con responsabilidad. Eso es engañar.
México no necesita simulaciones. Necesita decisiones claras, honestas y que realmente cuiden a su gente.
Y este, definitivamente, no es el camino.
Lo más preocupante es que este no es un caso aislado. Es parte de un patrón que ya conocemos: promesas que se hacen para ganar confianza y decisiones que se toman después sin asumir el costo político. Hoy es el fracking, mañana será otro tema, pero la lógica es la misma.
Porque cuando un gobierno se contradice de esta manera, lo que se rompe no es solo una promesa, es la credibilidad. Y cuando se pierde la confianza, se debilita todo: las instituciones, la toma de decisiones y la relación con la ciudadanía.
México merece más que discursos reciclados y soluciones disfrazadas. Merece un gobierno que diga la verdad, que escuche a la gente y que entienda que cuidar el medio ambiente no es un eslogan, es una responsabilidad.
Y si hoy son capaces de cambiar un “no” por un “sí” sin explicaciones, sin asumirlo y sin consecuencias, entonces el problema ya no es el fracking, el problema es el gobierno: un gobierno que dice una cosa y hace otra, que simula mientras el país paga el costo y que, en nombre del poder, está dispuesto a poner en riesgo el agua, la salud y el futuro de México. Y eso, simplemente, no se puede normalizar.
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