Reforzar policías locales: lo que falta de la estrategia de seguridad de Sheinbaum
La reciente presentación de la Estrategia Nacional de Seguridad por parte de la presidenta Claudia Sheinbaum es un paso importante para fortalecer la seguridad en México, con ejes como la atención a las causas, la consolidación de la Guardia Nacional y el uso de la inteligencia. Sin embargo, existe una preocupación latente que no ha sido suficientemente abordada: la necesidad urgente de reforzar a las policías municipales y estatales, quienes deberían ser la primera línea de defensa en muchas de las zonas más afectadas por el crimen.
Es indudable que la creación del Sistema Nacional de Inteligencia y la nueva subsecretaría de Inteligencia e Investigación Policial son avances clave para mejorar la capacidad de las autoridades para combatir a las organizaciones criminales. Pero, en un país donde el 80% de los delitos son del fuero común, recae sobre las policías locales la tarea de mantener el orden en sus comunidades. Por ello, resulta fundamental que se haga un mayor esfuerzo para dotarlas de mejores recursos, tanto en armamento como en capacitación.
La estrategia actual resalta el fortalecimiento de la Guardia Nacional bajo el mando de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), lo cual ha sido calificado como una virtud por dar acceso a los miembros de la GN a los servicios de seguridad social del Ejército y una capacitación militar más robusta. Si bien la militarización no debe ser el eje central de nuestra política de seguridad, no se puede negar que las capacidades del Ejército han sido cruciales para enfrentar a los cárteles en muchas regiones del país.
No obstante, la seguridad no se logra únicamente con grandes despliegues militares o cuerpos federales. Las policías municipales y estatales necesitan estar igualmente preparadas, tanto para prevenir como para actuar en momentos de crisis. En muchos casos, son estas fuerzas las que llegan primero a las escenas del crimen, enfrentándose a grupos fuertemente armados con recursos mucho más limitados. Por ello, la falta de equipamiento adecuado y formación pone en riesgo tanto su integridad como la de los ciudadanos que deberían proteger.
El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, ha señalado que las tareas de seguridad deben ser de responsabilidad compartida y de respuesta unificada. En este sentido, el fortalecimiento de las capacidades preventivas y de proximidad social de las policías locales es esencial. No basta con una estrategia de arriba hacia abajo, donde la Guardia Nacional y las fuerzas federales asumen la mayor parte de las tareas. Es hora de que el gobierno reconozca el rol vital que juegan las policías locales y las dote de los recursos necesarios para cumplir con su misión.
Por ejemplo, el incremento de las capacidades humanas y tecnológicas del Centro Nacional de Inteligencia y la creación de una Academia Nacional de Seguridad para homologar los planes de estudio son propuestas valiosas. Pero, para que tengan un impacto real, se deben garantizar mayores inversiones en la formación de las policías locales, quienes deberían tener acceso a la misma calidad de capacitación que sus contrapartes federales. También es crucial que cuenten con mejores armamentos, vehículos y herramientas tecnológicas para enfrentar a las redes criminales que hoy día operan con tecnología avanzada.
Finalmente, la coordinación entre los diferentes niveles de gobierno es otro aspecto que debe mejorarse. La creación del Modelo de Atención Integral a los Delitos de Alto Impacto es un avance, pero para que sea efectivo, las fiscalías estatales y las policías locales deben trabajar de la mano. Esto incluye el seguimiento riguroso de los delitos desde su investigación hasta la vinculación a proceso de los responsables, asegurando que la justicia no quede solo en promesas vacías.
En conclusión, mientras celebramos los avances presentados por el gobierno en la Estrategia Nacional de Seguridad, es imprescindible hacer énfasis en la necesidad de reforzar a las policías locales. Sin una primera línea fuerte y bien equipada, cualquier esfuerzo en el ámbito federal será insuficiente. La verdadera seguridad en México pasa por empoderar a nuestras policías municipales y estatales, ofreciéndoles las herramientas que necesitan para proteger a sus comunidades de manera efectiva.